Entrevistamos a Bárbara Rodríguez, comisaria en Inéditos 2011

Bárbara Rodríguez Muñoz fue uno de los tres jóvenes comisarios seleccionados en la edición de Inéditos en 2011. A través de esta convocatoria impulsada por la Fundación Montemadrid no solo pudo sacar adelante su proyecto artístico, también exponerlo en La Casa Encendida. En «Seres Inanimados», la comisaria proponía un método de construcción narrativa en el que seguir el recorrido de los objetos para comprender las realidades que los crean y relatar así los procesos sociales, políticos y económicos que afectan a amplias capas de la población.

Tras cinco años de su paso por Inéditos, y trabajando actualmente en la Wellcome Collection  de Londres, hablamos con ella de arte contemporáneo, de comisariado y de lo que supuso la experiencia para su carrera profesional.

1. ¿Cómo decidiste ser comisaria? Si entrar en el mundo del arte es complicado, lo del comisariado es otra liga. 

En mi caso fue un proceso orgánico mas que una decisión tomada en un momento concreto. Antes de entrar en el Royal College of Art, trabajaba con galerías del Este de Londres organizando exposiciones y mi círculo de amigos estaba formado mayoritariamente por artistas y comisarios con los que discutía – y sigo discutiendo – lo que ahora denominaríamos estrategias curatoriales. Pero que en aquel momento se sentía más como una necesidad de posicionarnos discursivamente en un contexto de producción y distribución artística muy intenso. Supongo que estaba comisariando exposiciones antes de considerarme comisaria.

Creo que la decisión de entrar en el MA de Comisariado del RCA -el cual en aquel momento todavía destacaba por colocar a comisarios en instituciones de peso- estuvo relacionada con seguir de cerca el excelente programa del Reina Sofía y cómo sus exposiciones y proyectos de investigación dialogaban entre ellos articulando un complejo discurso formado de múltiples voces, desde dentro y fuera del denominado mundo del arte.

Ser comisario -o entrar de alguna manera en el ‘mundo del arte’- no me parece más complicado que en otras actividades creativas: a falta de oportunidades o presupuestos, tanto artistas como comisarios, han demostrado la capacidad de inventarse espacios expositivos, desde Seth Siegelaub con su Xerox Book y el programa de Gerry Schum en la televisión publica alemana a finales de los 60, hasta el actual Virtual Reality Museo paper-thin.org o comisiones en las redes sociales.

Por otra parte, tener la oportunidad como comisario de trabajar en un equipo capaz de dar forma a un programa ambicioso e integro en un espacio público, con repercusiones más allá del denominado mundo del arte, sí me parece más difícil, sobre todo en España donde la mayoría de las instituciones no cuentan con equipos curatoriales más allá del director o comisario jefe.

2.En 2011 pasaste por la convocatoria Inéditos de la Fundación. ¿Qué te parecen las convocatorias de arte? No son habituales en todos los países…

Me parecen necesarias ya que marcan periódicamente un espacio formal dentro del programa expositivo para que entren nuevas ideas, metodologías e intereses en la institución y a la vez dan oportunidades a nuevos profesionales; creo que todos salimos ganando.

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THIS IS A VOICE, Wellcome Collection London, 2016 Image by Leon Chew

3.Hablando de tu exposición «Seres Inanimados» en Inéditos 2011, ¿podrías haber sacado el proyecto sin la convocatoria? ¿Hubiese sido diferente? 

Hubiese sido diferente. Las exposiciones responden al espacio, al contexto donde se sitúan y a la audiencia. En aquel momento estaba muy interesada en diversos dispositivos narrativos, como son las técnicas de escritura limitada, la microhistoria, los orígenes del realismo mágico y otras fórmulas de storytelling que centran la atención en un mundo material, cotidiano y en ocasiones post-humano que rodea al protagonista. Si no hubiera sido posible conseguir el apoyo necesario para una exposición institucional, estas ideas hubieran funcionado como texto o programa performativo.

4.Ahora que ha pasado el tiempo, ¿cambiarías algo de lo que querías contar en ese momento? 

Durante los últimos años he desarrollado proyectos de una naturaleza más interdisciplinaria, ya sea porque los artistas con los que trabajo están interesados en colapsar distintas disciplinas o por mi puesto como comisaria en la Wellcome Collection, donde exploramos las relaciones entre el arte, la vida y la ciencia, entendida en un contexto muy amplio: desde la magia y la filosofía hasta las denominadas ciencias exactas, como la biomedicina. Además, tiendo a incorporar espacios de discurso y performance en  la sala expositiva.  Acabo de revisitar el catalogo que hicimos para «Seres Inanimados» y supongo que comparado con mi línea de trabajo actual, la exposición de Inéditos puede resultar mas tradicional y museística, ¡lo cual de pronto me parece muy atractivo!

5.¿Inéditos cumplió con las expectativas, animarías a otros a presentarse?

¡Por supuesto! Fue un absoluto placer colaborar con todos vosotros en La Casa Encendida. En aquel momento aún no había tenido una experiencia institucional tan completa, el proceso de negociar todas las dinámicas y agentes que forman parte de un proyecto expositivo fue muy interesante y formativo. Llevo ya nueve años en Londres y me hace siempre mucha ilusión presentar mi trabajo en España y descubrir a mis amigos y familia entre la audiencia. Trabajar en un contexto más familiar.

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THIS IS A VOICE, Wellcome Collection London, 2016 Installation view, works by Katarina Zdjelar, Lawrence Abu Hamdan and Chris Chapman Image by Leon Chew

6.Respecto a la actual situación del arte contemporáneo, algunos consideran que existe más preocupación por “colocar” una obra en una feria de arte que por contar o transmitir un mensaje. ¿Crees que le falta compromiso al arte actual?

Esta no es mi experiencia, pero quizás es porque me suelen interesar tanto espacios como artistas que podrían definirse como ‘comprometidos’, aunque por supuesto esta categoría es muy subjetiva. Quizás deberíamos hablar de ‘intención’ más que de ‘compromiso’ que, valga la redundancia, es un termino demasiado comprometido en el contexto político y corporativo actual. Con ‘intención’ me refiero , por ejemplo, al empeño de llegar a otras audiencias fuera de nuestra zona de confort. Algo que por lo menos en el Reino Unido, con la sociedad dividida que ha revelado el Brexit, me parece imperativo. Poder ofrecer puntos de vistas laterales y más complejos para contrarrestar el creciente simplismo y populismo que impera tanto en la cultura como en la prensa; o proyectos que aborden realidades que pueden resultar abstractas y necesitan un renovado contexto filosófico y artístico, el cual genere parámetros para comenzar a comprenderlas, como puede ser la ética y la responsabilidad del cambio climático.

7.¿El comisario busca o es buscado?

Quizás cuánto más buscas y más te relacionas, crecen las posibilidades de que conozcan tu trabajo y te busquen, pero también puede ser una pérdida de tiempo. Para mí la situación ideal es que las oportunidades para comisarios, por lo menos en espacios públicos, se anuncien online. La mayor parte de los contratos que he tenido con instituciones han sido a través de una convocatoria de oferta de empleo en la página oficial del Arts Council. De esta manera no eres siervo del amiguismo, puedes concentrarte en tu trabajo sabiendo que cuando haya una oferta interesante puedes, por lo menos, intentarlo. Es también ventajoso para las instituciones que abren sus puertas a comisarios fuera de su círculo y como consecuencia renuevan sus programas y atraen a nuevas audiencias.

8. A veces hay una visión distorsionada del papel que desempeña un comisario, ¿dónde crees que está el problema?

No lo calificaría como problema. Creo que la profesión no está estrictamente definida, ya que los espacios en los que puede operar un comisario son muy dispares y esto supone un constante proceso de adaptación. Parece que para cada proyecto hay que definir una serie de roles y reglas nuevas que más adelante serán desafiadas y posiblemente renegociadas. Pero creo que esta irresolución de las dinámicas de trabajo, por muy frustrante que pueda ser en ocasiones, mantiene el discurso dinámico y en constante evolución. Sin caer en reduccionismos, podríamos decir que en ciertos proyectos me he sentido como autora, en otros como productora y en otros como catalizadora de ideas.

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Bonnie Camplin, The Military Industrial Complex, South London Gallery, 2014

9.¿Puede haber una exposición sin concepto? ¿Y una exposición sin comisario?

Sin comisario por supuesto. En cuanto al concepto, supongo que siempre hay algún elemento como razón de ser de la exposición, aunque no esté articulado.

10.Nuevos soportes, nuevas ideas, nuevos formatos… ¿y nuevo público? ¿Consideras que hay un relevo generacional lo suficientemente potente en el público? ¿Es más difícil de sorprender?

Por lo menos aquí en Londres sí que observo un cambio en las generaciones, ya sea por el creciente peso de lo performativo en la institución, como por ejemplo en los nuevos espacio de la Tate Modern, o los proyectos que se desarrollan online, como los proyectos digitales de la Serpentine o Rhizome. La capacidad de asombro del ser humano me parece infinita y siguen surgiendo debates tanto éticos como sociales o estéticos que se tejen dentro de la práctica de un artista, comisario y espacio que generan nuevas audiencias.

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Pieza de Greta Alfaro seleccionada por Bárbara Rodríguez Muñoz para Seres Inanimados en La Casa Encendida

11.Desde entonces, y no por la convocatoria sino por el talento, has comisariado y sido responsable de otras exposiciones. ¿Qué ha pasado estos años? 

Ya llevo un tiempo en la Wellcome Collection. Estoy encantada, es una institución muy interesante que llega a audiencias diversas, generando programas dinámicos y experimentando con distintas estrategias curatoriales. Tenemos, por ejemplo, un espacio nuevo para exposiciones temporales de 12 meses que evolucionan a lo largo de este periodo y un programa de residencias de dos años de investigación interdisciplinaria (The Hub).

Anteriormente he combinado puestos en instituciones con proyectos independientes. En 2014 inauguré un ambicioso programa que tuvo lugar en distintos tipos de instituciones de Londres: en museos como Freud Museum, centros de arte como South London Gallery, universidades como Central Saint Martins, programas comunitarios como Peckham Plataform e incluso el hospital psiquiátrico de Bethlem, en colaboración con Gasworks. El programa deconstruía el concepto y experiencia de la ‘ansiedad’ como condición contemporánea desde distintas disciplinas artísticas y académicas. Fue fascinante convertirme en una especie de ‘curadora en residencia’ en instituciones tan diversas, cada cual con sus expectativas e idiosincrasias. Uno de los proyectos más gratificantes de este programa fue la colaboración con la artista Bonnie Camplin y Anna Gritz, entonces comisaria de programas públicos en South London Gallery. Partiendo de presupuesto cero y tras varios meses de intercambios con Bonnie -y posibles sponsors- el resultado fue un espacio de estudio y eventos bajo el nombre de Military Industrial Complex, el cual combinaba con una lógica indeterminada diversos materiales y teorías que iban desde la física cuántica y percepción extrasensorial hasta la psicología o la guerra. Camplin fue seleccionada por este proyecto para el Turner Prize y lo presentó bajo el título de Patterns en Tramway, Glasgow.

12. ¿Qué proyecto tienes ahora entre manos?

Acabamos de cerrar This is a Voice en la Wellcome, una exposición y programa de performances sobre la compleja psicología y fisiología de la voz humana, la cual combina objetos históricos; como una sirena corintia de arcilla del siglo V a.C, con vocalistas experimentales como Joan la Barbara y artistas contemporáneos como Marcus Coates, Asta Gröting o Imogen Stidworthy. Con esta exposición quería explorar la naturaleza elusiva de la voz como contenido y forma y para ello trabajé con el estudio de arquitectura Plaid y un ingeniero acústico, con el objetivo de construir una narrativa a través del flujo de sonidos y exponer los materiales acústicos que normalmente quedan escondidos en las exposiciones. El proyecto itinerará al MAAS, en Sídney, en el 2017 así que estoy trabajando en la adaptación para su contexto cultural en Australia.

Ahora mismo estoy instalando la siguiente exposición, Bedlam. La he desarrollado con el historiador cultural Mike Jay. Bedlam presenta el trabajo y las experiencias vividas de pacientes, psiquíatras, artistas y activistas que han reflexionado o re-imaginado el asilo mental  a través de la historia (desde la edad media), ya sea como un espacio físico o virtual. Para ello estoy trabajando con las colecciones médicas de la Wellcome Library y Bethlem Museum of the Mind y artistas como Shana Moulton, Eva Kotátkova y Javier Téllez. Una de las nuevas comisiones de la exposición es un Twitter bot que está desarrollando la artista Erica Scourti: Empathy Deck, un bot ‘con sentimientos’ que cuestiona la posibilidad de la empatía en las redes sociales.

Como enlace discursivo entre ambas exposiciones, y para continuar un intercambio temático con nuestras audiencias, invité a Dora García para presentar en agosto, en el Wellcome Café, el proyecto que inició en 2014, el Café de las Voces, una plataforma de intercambio e investigación para escuchadores de voces y gente interesada en esta experiencia.

Este año ha estado especialmente bien porque he colaborado mas con instituciones fuera de Londres y he salido de la burbuja que puede ser esta ciudad. Participé en el programa sobre las políticas de control del comportamiento humano y la psicotropificación de la sociedad en Les Laboratoires d’Aubervilliers de Paris y Bar Projects / Fundació Antoni Tàpies en Barcelona; en el jurado de artes plásticas de la Fundación Botín y estoy escribiendo un texto para Concreta, revista de la que soy una gran fan y con la que he colaborado anteriormente. El año que viene voy a intentar reservar un poco de tiempo y espacio mental para este tipo de colaboraciones en España y otros países de Europa.

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