¿Qué hace que algo tenga valor? ¿Quién decide qué merece ser conservado, protegido o admirado? ¿Por qué algunos objetos parecen insignificantes mientras otros alcanzan un valor extraordinario? Estas son algunas de las preguntas que atraviesan Piedra de toque, la nueva exposición de Cristina Garrido que podrá visitarse hasta el 7 de marzo en La Casa Encendida, coincidiendo con ARCO.

Esta muestra es el primer encargo artístico concebido específicamente para investigar, activar y poner en valor la Colección de Arte de Fundación Montemadrid. Un patrimonio artístico desconocido para muchas personas que reúne obras de algunos de los nombres más relevantes del arte español contemporáneo y que, en esta ocasión, abandona los almacenes y los relatos habituales para dialogar con la historia del Monte de Piedad, origen de la Fundación en 1702.

El resultado es una propuesta inédita que reúne obras de Joan Miró, Salvador Dalí, Rafael Canogar, Equipo Crónica o Sandra Gamarra junto a relojes históricos, herramientas de tasación, documentos, maletas, cajas, joyas y otros objetos vinculados a la actividad de El Monte. Un recorrido que conecta arte, memoria y patrimonio a través de una pregunta tan sencilla como compleja: cómo construimos el valor de las cosas.

Una colección que dialoga con su propia historia

La exposición nace de una investigación desarrollada por la artista visual Cristina Garrido a partir de la colección de Fundación Montemadrid. Su mirada pone en relación obras de distintas épocas con herramientas utilizadas actualmente por las tasadoras de El Monte, como piedras de toque, galgas, manuales de gemología o cajas de piedras preciosas.

Lejos de presentar las obras como piezas aisladas, Garrido explora las historias, conocimientos y procesos que determinan su valor. ¿Qué papel desempeñan la firma de un artista, el criterio experto, una institución o el contexto en el reconocimiento de una obra? ¿Por qué algunas piezas adquieren una relevancia especial mientras otras quedan relegadas al olvido?

Entre las obras expuestas destacan Paisaje surreal, de Salvador Dalí, una pintura de apenas cuatro centímetros que posee un elevado valor económico, y Sin título (1973), de Joan Miró, en la que la firma ocupa buena parte de la composición y convierte la autoría en un elemento central de la obra.

El Monte de Piedad como punto de partida

Los orígenes de Fundación Montemadrid se remontan al Monte de Piedad fundado en 1702 por Francisco Piquer. Durante más de tres siglos, la institución ha facilitado y continúa facilitando préstamos sobre bienes empeñados y ha formado parte de la vida de miles de personas. Hoy, los recursos generados por la actividad de El Monte se destinan íntegramente a financiar los programas culturales, educativos y sociales de la Fundación.

Para Garrido, los procesos asociados a esta actividad, como la tasación, el préstamo, la custodia o la conservación de objetos, ofrecen una forma especialmente sugerente de observar también el funcionamiento del mundo del arte.

Así, Piedra de toque plantea que el valor no es una cualidad fija ni inherente a los objetos, sino una construcción que depende de contextos, relatos, sistemas de legitimación y relaciones sociales.

La Casa Encendida recupera la memoria del edificio

La exposición adquiere una dimensión especial al celebrarse en La Casa Encendida, un edificio que durante décadas fue una de las sucursales del Monte de Piedad de Madrid.

El espacio expositivo, diseñado junto al Estudio Gonzalo del Val, transforma temporalmente las salas de La Casa en una evocación de las actuales oficinas de El Monte. Estanterías, sistemas de almacenamiento y modos de presentación recuperan la memoria de un lugar por el que pasaron miles de personas en busca de apoyo económico y la ponen en diálogo con las obras de la colección.

Relojes, maletas y otros objetos que hablan del valor

Junto a las obras de arte aparecen objetos que normalmente permanecen fuera de la vista. Es el caso de seis relojes históricos conservados por El Monte que seguirán funcionando durante toda la exposición gracias al trabajo del relojero encargado de darles cuerda y ponerlos en hora cada semana.

También se muestran los llamados "objetos diversos": maletas, pequeños electrodomésticos, enciclopedias o prendas que fueron empeñadas y nunca recuperadas. Objetos cotidianos que permiten reconstruir otra historia del valor: la de aquello que en un momento fue lo suficientemente importante como para garantizar un préstamo y que, con el paso del tiempo, perdió su lugar en los circuitos económicos y el valor emocional con sus propietarios, que decidieron no recogerlo y dejarlo en El Monte.

Fotografía: Maru Serrano