Las claves del éxito del sistema educativo de Finlandia

Está en boca de todos. Si pensamos en un modelo de educación de referencia, el primer ejemplo que aparece en nuestra mente es el finlandés. Los elogios de expertos de todas las nacionalidades y unas tasas de éxito muy por encima de las que presentan la mayoría de países del mundo han dado al sistema educativo de Finlandia un prestigio mayúsculo, convirtiéndolo en el espejo en el que muchos desean mirarse. Pero, ¿qué es lo que hace tan especial esta propuesta?

Para comprender el éxito de este paradigma hay que remontarse casi medio siglo en el tiempo. En la década de los sesenta, Finlandia se encontró en la necesidad urgente de trazar un plan de recuperación económica. Y contra el modus operandi habitual de los países occidentales, se estableció como prioridad capital lograr una educación pública, de calidad e igual para todos. De este modo, construir el sistema educativo dejó de ser la meta de unos pocos para convertirse en un auténtico objetivo nacional.

No hubo fórmulas mágicas. Los resultados no fueron inmediatos: los alumnos finlandeses comenzaron a destacar a nivel mundial hace aproximadamente quince años. El consenso en torno a la idea de fortalecer la educación pública hizo posible buscar mejoras en el día a día, en cada escuela, en cada aula; siempre desde la premisa de búsqueda de la igualdad a través del trabajo con cada niño. Aprovechar el potencial de cada uno de ellos se asumió como el camino más adecuado para construir una sociedad mejor, más fuerte y más preparada.

En Finlandia, los profesores son seleccionados entre los mejores expedientes académicos del país. Dentro del aula disponen de absoluta libertad para llevar a sus estudiantes por el camino que consideren conveniente, algo que posibilita que cerca de un tercio de ellos reciban algún tipo de atención adicional durante sus primeros años en la escuela. La perspectiva es marcadamente inclusiva: los alumnos con necesidades especiales suelen estar en la misma clase que el resto, recibiendo apoyo de un equipo de educación especial si es preciso.

Los maestros intentan enseñar a aprender, no medir y clasificar a sus alumnos en función de lo que puedan demostrar en un examen. De hecho, ni siquiera están obligados a realizar este tipo de tests. Lo normal es que pasen varios años al frente del mismo grupo de alumnos, algo que facilita que construyan sólidas relaciones con ellos y, sobre todo, manejen más y mejor información sobre sus capacidades que la que podría aportarles una prueba estandarizada.

La escuela obligatoria no comienza en Finlandia hasta los 7 años; eso sí, existe una escuela preescolar pública a la que acuden casi todos los niños de menor edad. El estado aporta los fondos no sólo para el personal y las infraestructuras de estos centros, sino también para alimentación, atención médica y desplazamientos de los pequeños. Una vez entran en el colegio, no abordan materias como historia o biología hasta su quinto curso; antes, dedican mucho tiempo a la música, los deportes, las artes, los trabajos manuales… La carga de deberes es mínima y, por contra, disponen de largos ratos para jugar entre ellos.

Además, los flexibles permisos de paternidad y maternidad de Finlandia permiten que los padres se impliquen y participen muy activamente en la educación de sus hijos, algo que los profesores consideran fundamental. Porque son también educadores quienes dirigen el sistema desde las instituciones, una alternativa que ha demostrado sobradamente su rentabilidad: los maestros necesitan pasar menos tiempo en el colegio que sus colegas de otros países; y el gasto por alumno es inferior al que se realiza en la mayor parte de naciones occidentales.

Así es como se construye un sistema educativo en el que el 93% de los alumnos finaliza sus estudios básicos y un 66% elige continuar con estudios superiores. Y lo más importante: un modelo en que la distancia entre los alumnos más aventajados y los menos destacados es mínima, la más pequeña de Europa.

Te dejamos una entrevista con Auli Leskinen, directora del Instituto Iberoamericano de Finlandia en Madrid desde el año 2012. Sus respuestas te ayudarán a comprender mejor los secretos del modelo finés.

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