Reflexionamos sobre el valor del patrimonio

Entrevista a Gabriel Morate, el coordinador de Patrimonio de Fundación Montemadrid, la persona detrás de los proyectos de restauración y conservación del patrimonio histórico-artístico de Fundación Montemadrid.

Ha promovido y dirigido la gestión de la restauración y puesta en valor de decenas de monumentos del patrimonio histórico español como la Santa Cueva de Cádiz, el Monasterio de Yuste, el Plan Especial de la Sierra de los Molinos de Campo de Criptana, las murallas de Toledo, muralla de Ávila, el Plan de conservación y restauración de 17 iglesias románicas y entornos de la antigua Merindad de Campoó, la iglesia del Monasterio de San Millán de Yuso, la fachada de la iglesia de San Pablo de Valladolid o  la fachada y casa del campanero de la Catedral de Pamplona, entre otros. En los últimos años, ha estado involucrado en los proyectos de la Puerta de Toledo (Ciudad Real), la rehabilitación de la cubierta y piso principal de la Casa Amatller (Barcelona), la Iglesia del Santo Cristo de la Salud (Málaga) o la restauración del Real Monasterio de Santa Isabel la Real (Granada).

En la actualidad está trabajando en dos proyectos de patrimonio de Fundación Montemadrid: el desarrollo de un plan de gestión de todo el conjunto monumental de la Real Colegiata de San Isidoro de León, incluyendo la modernización del Museo de la Colegiata, y en la restauración y Escuela de Empleo del torreón del Puente de Alcántara en Toledo.

Con motivo del Día Internacional del Patrimonio Mundial 2020, proclamado por la UNESCO desde 1972, entrevistamos a Gabriel Morate para que nos cuente la importancia que tiene la protección, cuidado y preservación de todos los sitios naturales y culturales que existen en el mundo y que forman parte de la riqueza y la herencia de toda la humanidad. De ahí la importancia de su cuidado, protección y preservación.

La importancia del patrimonio

Gabriel, antes de empezar, nos gustaría que nos contaras qué es y cuál es la importancia del Patrimonio Cultural para cada país y para la sociedad.

El patrimonio histórico está constituido por un conjunto de bienes que tienen como común denominador su pertenencia al pasado; su interés podrá ser artístico, arqueológico, etnográfico, paleontográfico, técnico o científico o bibliográfico, pero la clave está en la historicidad.  De ahí deriva su importancia para un país y para cualquier persona, porque el patrimonio, que nos permite conocer nuestro pasado, nos da seguridad frente a la mortalidad de nuestra existencia, nos arma frente al olvido y la nada, nos permite tener un suelo firme sobre el que pisar y construir nuestro futuro.  Por todo ello, yo creo que los índices de libertad y bienestar de una sociedad, de un país, pueden medirse en relación al modo en que esta conserva su patrimonio.

¿Crees que en España se cumplen los convenios internacionales, que enfatizan o promueven los valores culturales del patrimonio? Es decir, ¿hay un respeto y un interés por el patrimonio?

Si, en términos generales; no hay más que comparar la España de hace cincuenta o sesenta años, con su urbanismo destructor, con la de hoy, o incluso la de hace treinta.  Por ejemplo, todavía en 1990 el Acueducto de Segovia era un ennegrecido peine para 22.000 coches diarios.  No muchos años atrás, incluso, alguien valoró la posibilidad de quitar una de sus pilas para que los autobuses y camiones pasasen mejor.  Se prohibió la circulación en 1992 y la oposición ciudadana fue mayoritaria.  Hoy, afortunadamente, a ningún alcalde se le ocurriría volver a abrirlo al tráfico.

Hay por supuesto mucho mayor interés social por el patrimonio, y este interés es creciente, como lo demuestran los índices de turismo rural o de visitantes a museos y monumentos, pero por desgracia eso no se traduce en un esfuerzo inversor, decreciente desde hace una década, a la altura de nuestra responsabilidad. Hay también un mayor respeto por el patrimonio, pero también por desgracia todavía puede uno quedarse perplejo ante el estado de muchos de nuestros monumentos o ante proyectos como el del paseo de Romayla, a los pies de la Alhambra, recientemente denunciado por la Real Academia de San Fernando.

El patrimonio en España

¿Crees que en España se cumplen los convenios internacionales, que enfatizan o promueven los valores culturales del patrimonio?

Si, en términos generales; no hay más que comparar la España de hace cincuenta o sesenta años, con su urbanismo destructor, con la de hoy, o incluso la de hace treinta.  Por ejemplo, todavía en 1990 el Acueducto de Segovia era un ennegrecido peine para 22.000 coches diarios.  No muchos años atrás, incluso, alguien valoró la posibilidad de quitar una de sus pilas para que los autobuses y camiones pasasen mejor.  Se prohibió la circulación en 1992 y la oposición ciudadana fue mayoritaria. Hoy, afortunadamente, a ningún alcalde se le ocurriría volver a abrirlo al tráfico.

Al hilo de la pregunta anterior, ¿cómo crees que se puede fomentar el conocimiento del patrimonio? Más allá de los grandes conjuntos monumentales conocidos de forma masiva, como por ejemplo La Alhambra, que reciben miles de turistas al año, ¿prestamos suficiente atención a la conservación del patrimonio? Las noticias recientes en este sentido, a veces «deslucen» el trabajo de miles de profesionales… (nos referimos a los Ecce Hommo)

Sólo se quiere lo que se conoce, por eso el interés por nuestra historia y el gusto por la belleza deben fomentarse desde el colegio.  Amén del papel de la instrucción pública, de la educación, el de los medios de comunicación es también importantísimo.  Desgraciadamente, las noticias o informaciones sobre patrimonio son cada vez menores y también más locales, de modo que es difícil saber desde Castilla y León qué cosas se hacen en el País Vasco, o desde Galicia saber qué tenemos en Andalucía.

Por otro lado, a la hora de fomentar el conocimiento por el patrimonio debemos ser conscientes de que la mayor parte de este conocimiento por parte de la sociedad está ligado al ocio.  No podemos por tanto ni dar todo por sabido, ni aburrir a las ovejas, porque el rigor no siempre tiene que estar reñido con el entretenimiento.

En cuanto a tu trabajo en Fundación Montemadrid, ¿cuál ha sido el proyecto más difícil de llevar a cabo?

Todos aquellos en los que no conseguimos la complicidad activa de otros agentes, públicos y privados, implicados en la conservación del bien objeto del proyecto. Ahora, por ejemplo, estamos trabajando en la Colegiata de San Isidoro de León, donde hay un Cabildo plenamente comprometido con la conservación y la gestión cultural. Además de darnos toda su confianza para proyectar un nuevo museo, aporta parte importante de la financiación. Contamos también con la colaboración activa de la Junta de Castilla y León  (que coordina con nosotros las obras de restauración en el conjunto monumental). Y tenemos el apoyo del Ayuntamiento, que facilita nuestro trabajo, y el de todos los visitantes del monumento y huéspedes del hotel.

Tradición, identidad, memoria y educación

Vivimos en un mundo que se mueve cada vez más rápido y en el que los intereses de la sociedad son cada vez más cambiantes. En el polo opuesto, estaría el patrimonio, que aúna tradición, historia y memoria. Gabriel, ¿cómo influye la presencia de patrimonio en la forja de la identidad de un lugar?

Una de las enfermedades más terribles que acaban con un ser humano es el alzheimer: vivir sin saber quién eres porque no recuerdas quién has sido, no reconocer a las personas que tienes a tu alrededor.  El patrimonio histórico conjura el alzheimer de una sociedad.  Su valor identitario es enorme: ¿Cómo no sentirse europeo viendo la catedral de Burgos y la de Estrasburgo, el Pont du Gard y el Acueducto de Mérida? ¿Cómo un británico puede sentirse no europeo viendo el tapiz de Bayeux o la Abadía de Westminster?

¿Qué consejos darías a los padres para que hacer del patrimonio algo sugerente para sus hijos? ¿Cómo se puede inculcar a los niños el amor por el patrimonio sin que se “aburran”?

En primer lugar aprovechar bien esos pocos años en los que a los hijos les encanta compartir todo su tiempo con sus padres, que es hasta los nueve o diez años, para que en el futuro la visita a monumentos o museos no sea algo ajeno a sus vidas.  También no soltarles discursos, ni llevarlos al retortero sin hacerles caso, sino utilizar el método socrático de la mayéutica y darles a ellos la palabra. Yo a mi hija la llevaba todas las semanas al Prado, nunca más de media hora, para pasear juntos y pararnos sólo ante tres cuadros que iba eligiendo ella.  Ahora que tiene 13 años siempre tiene cosas mejores que hacer, claro, pero cuando visitamos una ciudad, un museo o un monumento, disfruta.

Por último, una recomendación: ¿cuál es la gran joya desconocida de nuestro país en cuanto a patrimonio?

Seguramente la que tenemos más cerca y nunca hemos visitado. Por ejemplo, para los madrileños la iglesia de San Antonio de los Alemanes, que sólo tiene 7.000 visitas al año.

Pensando en toda España, los conventos y monasterios de clausura que aún quedan, que no tienen parangón en Europa. Un buen ejemplo de recuperación de patrimonio de Fundación Montemadrid sería Santa Isabel La Real, en Granada en cuya conservación llevamos años trabajando.  Esperamos que poco a poco su visita pública sea más fácil, buscando la compatibilidad con la clausura monacal.

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